lunes, 13 de septiembre de 2010

GRANOS DE ARENA


Dios estaba fabricando el mundo. Después de los astros, la tierra, el mar, fabricó también a las personas. Eran bellas criaturas, con los ojos espléndidos, pero sin alma.


- Es necesaria el alma, sugirió el arcángel que lo ayudaba.
- Cierto, dijo Dios. Ahora la hacemos.

Y se puso a preparar las almas. Estaba contento, trabajaba con entusiasmo.

Amasó rayos de sol con perfume de jardines, zafiros de montaña con susurro de olas marinas y las almas salían del laboratorio todas adornadas y brillantes.

Entonces el Padre bajó a la tierra y distribuyó un alma a cada persona.
Pero como aquel día llovía, algún alma llegó a destino un poco deteriorada.

Y un día una persona -una de aquellas que había recibido un alma algo estropeada-tuvo el impulso de decir una mentira, una mentira de nada, así de pequeña; pero era el primer hilo de la inmensa red de los engaños.

Dios, que lo sabe todo, se dio cuenta. Reunió a sus hijos de la Tierra y les dijo que no se debe mentir.

- Por cada mentira que digáis, arrojaré sobre la Tierra un granito de arena.
Los hombres no hicieron caso.

En aquel tiempo no había arena sobre la Tierra; y con todo aquel verde, ¿qué importancia podía tener un granito de arena?

Así fue como, después de la primera mentira vino la segunda, y tras ésta la tercera y la cuarta. La lealtad iba desapareciendo, el fraude y el engaño invadían el mundo.

Dios por cada mentira arrojaba un granito de arena; pero a un cierto punto, ya no pudo más, y tuvo que ser ayudado por un ejército de ángeles y de arcángeles.

Cayeron del cielo torrentes de arena, y la Tierra, el bello jardín florido, empezó a ajarse.

Vastas zonas terrestres se cubrieron de arena: era el desierto. Sólo aquí y allá, donde todavía vivía alguna buena persona, quedaron raros oasis.

Pero como la calamidad continúa difundiéndose, no está excluido que un día, por culpa de las mentiras, la Tierra se convierta toda en un inmenso desierto.

Mito Arabe...

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Siguiente: Muriendo de hambre en un mundo en el que sobran los alimentos…

domingo, 12 de septiembre de 2010

PERDONAR

El camino para aprender a amar es "Perdonando",

quien desea crecer en el amor
lo logra amando en el perdón.

Perdonar es el camino de la liberación,
el que auténticamente se libera es quien perdona,
echando fuera de su alma al rencor y la venganza
que solamente lo envilece y lo consume.

Perdonar a pesar de tener razón y mil justificaciones
para no hacerlo, se atreve a pronunciar en el interior
del corazón "Perdón".

Perdonar cuando te han ofendido y humillado
es cuando se manifiesta la grandeza
del corazón del ser humano.
Solamente el que ama auténticamente
puede decir "te perdono y lo olvido".

Perdonar es cuando a pesar de sentirse ofendido
te atreves a dar una sonrisa de amor.

Deja hoy tus rencores, tu venganza que anhela ver
al que te ha ofendido de rodillas pidiendo clemencia.

Deja hoy ese fuego que enciende tu cólera y abraza
tu ser de rabia y de rencor, cuando ha sido pisoteado tu orgullo
y has sido lastimado en lo más profundo,
cuando deseas con todas tus fuerzas
ver fulminado al que te ha ofendido

Te pregunto, ¿Serás hoy capaz de perdonar a ese amigo tuyo
que te traicionó; aquella ofensa de alguien que creías
no te podía fallar y hoy le puedes demostrar que lo amas?

¿Serás hoy capaz de llenar tu alforja de olvido y salir
al encuentro con lo único que le puedes ofrecer:
tu perdón, y continuar tu camino de paz al encuentro de Dios?

Hoy libérate y camina como un niño extraviado
a los brazos de una madre llena de amor,
como el ciego al encuentro de la luz.


Hoy perdona y olvida, eleva tu alma a las estrellas
y encuentra la paz.

SEGUIR ADELANTE


Voy a seguir creyendo,

aún cuando la gente pierda la esperanza.

Voy a seguir dando amor,
aunque otros siembren odio.

Voy a seguir construyendo,
aún cuando otros destruyan.

Voy a seguir hablando de Paz,
aún en medio de una guerra.

Voy a seguir iluminando,
aún en medio de la oscuridad.

Y seguiré sembrando,
aunque otros pisen la cosecha.

Y seguiré gritando,
aún cuando otros callen.

Y dibujaré sonrisas,
en rostros con lágrimas.

Y transmitiré alivio,
cuando vea dolor.

Y regalaré motivos de alegría,
donde sólo haya tristezas.

Invitaré a caminar,
al que decidió quedarse.

Y levantaré los brazos,
a los que se han rendido.
Porque en medio de la desolación,
siempre habrá un niño que nos mirará
esperanzado, esperando algo de nosotros.

Y aún en medio de una tormenta,
por algún lado saldrá el sol
y en medio del desierto crecerá una planta.
Siempre habrá un pájaro que nos cante,
un niño que nos sonría y mariposas
que nos brinden su belleza.

Pero si algún día ves que ya no sigo,
no sonrío o callo, acércate y dame un beso,
un abrazo o regálame una sonrisa;
con eso será suficiente.

Seguramente, me habrá pasado
que la vida me abofeteó y me sorprendió
por un segundo. Ese gesto hará que vuelva
a mi camino. Nunca lo olvides.

Desconozco Autor…

Una Mariposa, en un bote, en el mar.....


Hace treinta años, en Londres, un señor que fue marino durante la segunda guerra mundial, me contó esta anécdota:


En el puerto, un gusano trepó al barco y tejió su capullo. Nadie lo notó. Zarparon. Los días, en el desierto oceánico, se sucedían aburridos y grises, hilados por un monocorde olor salino. De pronto, en la infinita desolación, apareció una mariposa, agitando sus aterciopeladas alas entre los implacables cañones. Todos cesaron sus labores para vitorear al insecto. Pero las expresiones de alegría, poco a poco se fueron transformando en un silencio triste. Se habían

dado cuenta que el animalillo estaba condenado a morir por falta de alimento. El revoloteo no era una danza eufórica sino desesperados aletazos de hambre.


El cocinero corrió a la despensa para volver con un montón de azúcar. Otro aportó un trébol seco. Alguno hizo una flor con miga de pan. La mariposa, pegada a la lona de un bote salvavidas, como si posarse ahí expresara el deseo de todos los soldados por volver a sus hogares, agonizó lentamente. Cuando murió, la envolvieron en una pequeña bandera de seda y al son de una trompeta militar, le rindieron honores póstumos. Un marino, con la garganta apretada por el dolor, pronunció el sermón:

“Ya sabemos que morir es nuestro destino, que nada de lo que hay en la Creación dejará de perecer, mas no nos entristece la muerte de esta mariposa, sino el hecho de que nunca conoció una flor.

También estamos tristes por nosotros mismos porque podemos ser exterminados antes de cumplir aquello para lo que nuestros cuerpos están programados: el goce intenso de un planeta que debería ser un paraíso. Desde que nacemos, nos encontramos en un navío sórdido navegando a través del desierto. Ya ningún ser humano nace en la felicidad que le corresponde. Hemos estado en guerra contra la naturaleza y lo hemos arruinado todo.

Nuestros hijos llegarán en medio del hambre, la erosión y la violencia, como mariposas condenadas a nunca encontrar el alimento que les corresponde. ¿Por qué tenemos que irnos de este mundo con hambre y sed de amor?”.

Arrojaron la mariposa al mar como si fuese un compañero caído en la batalla…

Cierto es que he contado esta historia en forma literaria, pero lo puedo asegurar, sucedió realmente. El caballero londinense, como todo inglés, contuvo su emoción, pero noté que sus ojos se humedecían más de lo normal.

Cada instante que pasa es una nueva oportunidad, entonces mira a los ojos de las personas, diles cuánto las quieres , demuestra este gesto y levanta tu frente cuando camines....será tu alimento para poder volar....

Alejandro Jodorowsky

Historia del Muñeco de sal


Los últimos tiempos hemos dedicado nuestras reflexiones casi exclusivamente a las cuestiones ambientales y a los desafíos que el cambio climático implica para el futuro de nuestra civilización, para la producción y el consumo.


No por eso debemos descuidar los problemas cotidianos, la construcción continuada de nuestra identidad y el moldeado de nuestro sentido de ser. Es una tarea que nunca termina. Hay en ella varios retos, dos de los cuales nos desafían permanentemente y debemos encararlos: la aceptación de los propios límites y la capacidad de desapegarse.


Todos vivimos dentro de una situación existencial que, por su propia naturaleza, es limitada en posibilidades y nos impone barreras de todo tipo, de lugar, de profesión, de inteligencia, de salud, de economía, de tiempo. Entre el deseo y su realización siempre hay un desfase. A veces nos sentimos impotentes ante hechos que no podemos cambiar, como la presencia de un esquizofrénico con sus altibajos o la de un enfermo terminal. Tenemos que resignarnos ante esa limitación ineludible. No por eso tenemos que vivir tristes o impedidos de crecer. Hay que ser creativamente resignados. En vez de crecer hacia fuera podemos crecer hacia dentro, en la medida en que creamos un centro donde todas las cosas se unifican y descubrimos cómo de todo podemos aprender. Bien decía la sabiduría oriental: «si alguien siente profundamente al otro, éste lo percibirá aunque esté a miles de kilómetros de distancia». Si te modificas en tu centro, nacerá en ti una fuente de luz que se irradiará a los demás.

La otra tarea de la autorrealización es la capacidad de desapegarse. El budismo zen coloca como test de madurez personal y libertad interior la capacidad de desapegarse y de despedirse. Si nos fijamos bien, el desapego pertenece a la lógica de la vida: nos despedimos del vientre materno, después, de la niñez, de la juventud, de la escuela, de la casa paterna, de los parientes y de la persona amada. En la edad adulta nos despedimos de trabajos, de profesiones, del vigor del cuerpo y de la lucidez de la mente, que irrefrenablemente se van desgastando hasta despedirnos de la propia vida. En estas despedidas vamos dejando atrás un poco de nosotros mismos.

¿Cual es el sentido de este lento despedirse del mundo? ¿Mera fatalidad irreversible de la ley universal de la entropía? Esta dimensión es indiscutible, pero ¿no será que guarda un sentido existencial, que ha de ser explorado por el espíritu? Si fenomenológicamente somos un proyecto infinito y un vacío abisal que clama por plenitud, ¿ese desapegarse no significa crear las condiciones para que un Mayor venga a llenarnos? ¿No será que el Ser Supremo, hecho de amor y bondad, nos va quitando todo para que podamos ganar todo, más allá de la vida, cuando finalmente descansará nuestra búsqueda?

Al perder, ganamos y al vaciarnos nos llenamos. Hay quien dice que esta fue la trayectoria de Jesús, de Buda, de Francisco de Asís, de Gandhi, y de la Madre Teresa, entre otras personas.

Tal vez una historia de los maestros espirituales antiguos nos aclare el sentido de esta pérdida que se transforma en ganancia.

«Había una vez un muñeco de sal. Después de peregrinar por tierras áridas llegó a descubrir el mar que nunca antes había visto y por eso no conseguía comprenderlo. El muñeco de sal le preguntó: «¿Tú quien eres?» Y el mar le respondió: «Soy el mar». El muñeco de sal volvió preguntar: «¿Pero qué es el mar?» Y el mar contesto: «Soy yo». «No entiendo», dijo el muñeco de sal, «pero me gustaría mucho entenderte. ¿Qué puedo hacer?» El mar simplemente le dijo: «Tócame». Entonces el muñeco de sal, tímidamente, tocó el mar con la punta de los dedos del pie y notó que aquello empezaba a ser comprensible, pero luego se dio cuenta de que habían desaparecido las puntas de los pies. «¡ Uy, mar, mira lo que me hiciste!» Y el mar le respondió: «Tú me diste algo de ti y yo te di comprensión. Tienes que darte todo para comprenderme todo». Y el muñeco de sal comenzó a entrar lentamente mar adentro, despacio y solemne, como quien va a hacer la cosa más importante de su vida. A medida que iba entrando, iba también diluyéndose y comprendiendo cada vez más al mar. El muñeco de sal seguía preguntando: «Qué es el mar?». Hasta que una ola lo cubrió por entero. En el ultimo momento, antes de diluirse en el mar, todavía pudo decir: «Soy yo».

miércoles, 25 de agosto de 2010

NO ME REFIERO AL ABANICO

Ay, la mujer. No existe otra creacion en el universo como ella. A nosotros los hombres, la naturaleza nos ha provisto de casi todos los mismos elementos, salvo algunos pequeños cambios esteticos que marcan la diferencia de sexos. Pero a ella le incluyo un milagro: dar vida. Y durante los siglos, la mujer se ha desarrollado y ha logrado su merecido lugar en las sociedades. Y como los hombres, las mujeres se pueden distribuir en categorias de acuerdo a sus atributos. Hermosas, inteligentes, exquisitas, menos hermosas, menos inteligentes, menos exquisitas. Para mi, uno de sus grandes admiradores y defensores no cuentan muchos de estos parámetros para emitir una definición. Yo las mido, fuera de apreciar su inteligencia y belleza, por cuanta " mujer es". Cuanta dulzura encierra su voz. Cuanta tranquilidad emiten sus gestos. Cuanta generosidad incluyen sus acciones. Cuanta grandeza encierran sus intenciones. En palabras simples, admiro la mujer mujer. No interesa si calza jeans, si se peina con gelatina, se le gusta vestir mostrando el ombligo. Como ella quiera, pero sin perder su esencia. Y en realidad, me equivoque. No pienso asi. Soy un enamorado de la mujer que se ve como mujer. En las cosas mas simples.


Hace muchos años era costumbre usar abanico para apantallarse. Hoy dia aun se ve en poca medida. Sin ir mas lejos he visto hace undos dias un cantante flamenco acompañado por una bailarina con un hermoso vestido rojo y negro, pelo brilloso y tirante, que comenzo su actuacion tapandose la cara con el abanico. No es que era tan pero tan hermosa, pero el abanico la hacia sexi, interesante, mujer. Por supuesto, algunos que lea ya estara pensando lo ridiculo de hablar hoy en dia de mujeres con abanico. No me refiero a este instrumento de crear vientos refrescantes. Me refiero a elementos que destacan aun mas su femineidad. Que vamos a hacer. Cada uno con su locura. Quiero significar que si quieres apreciar a una mujer, mirala cuando se despierta.desnuda de todo accesorio. Escuchala cuando te dice buenos dias, mirala a los ojos cuando te cuando se acerque a darte un beso, acaricia su mano para notar su delicadeza.

Por mi cada una se puede vestir, hablar, caminar, gesticular como le venga mejor. No soy tan atrasado para recomendarles que usen abanicos. Pero si aseguro que hay cosas que le restan exquisitez. A mi, con el curso de los años se me ha pegado una manera de expresarme ante lo que yo considero la mujer mujer. La observo, la escucho, la miro a los ojos y digo: !! que hermosa !! Y ayer solte esta expresion ante el televisor en una entrevista a una dama de 76 años, que a pesar de su edad irradiaba una belleza y exquisitez cautivante . Fulguraba delicadeza. Su voz era envolvente y su sonrisa irresistible. Mujer de 76 años. !! Que hermosa era !!!

martes, 20 de abril de 2010

RENCUENTRO


Acababa de llover y todo estaba cubierto por esa calma que se sucede después de cada lluvia. La noche se había echado encima demasiado pronto, y mientras caminaba por los alrededores de la Catedral San Ioan Botezatorul, el canto ebrio de los noctámbulos urbanos me acompañaba en un segundo plano recordándome una vez más el mundo del que formo parte. Fue entonces cuando reconocí su voz a mi espalda y algo se alegró en mi corazón.
-Este lugar del mundo no beneficia el ánimo de un ángel caído, deberías de respirar el aire puro de un país donde el sol resplandezca y los pinos de sus montañas alivien el pesar de la mente-
Cuando me giré pude contemplar el solemne semblante de su presencia, y es que no hay nada más bello que la figura de un ángel de Dios. Su imagen es esbelta y noble, sus movimientos son adecuados, exactos, puros y refinados; su voz es dulce y pausada, acompañada de una sombra de severidad que infunde respeto y dignidad. Además, él era muy especial, uno de los siete ángeles elegidos por Dios para gobernar nuestro sistema solar. Hace varios cientos de años que estuve a sus órdenes, por entonces aun no había caído y estaba en posesión de mis alas ígneas y de todos mis atributos divinos. Fueron tiempos bellos, demasiados hermosos para recordarlos sin dejar de sentir un terrible dolor en lo más profundo de mi corazón. Pero aquellos días ya pasaron como pasan las aves de un lado al otro del firmamento, y de todo aquello ya solo me queda un amargo sabor, que me hace vivir como una criatura solitaria y apartada de todo, viviendo como un andrógino que no puede integrarse ni en el mundo de los hombres, ni en el de los ángeles, ni en el de los demonios; condenado a la eternidad y al sufrimiento de tener que contemplar como la raza humana se autodestruye lentamente, padeciendo una lenta agonía que se arrastra entre placeres malditos y la ansiedad de buscar en la materia lo que solo puede proveer la libertad del espíritu.
Di un paso hacia él y me arrodillé ante él como cuando lo hacía al formar parte de su séquito. Solo pude pronunciar su nombre.
-Gabriel…-
-Michel, no tienes porque arrodillarte, llevas mucho tiempo exento de todos los compromisos como ángel, ahora vives libre, como tú querías-
-Siempre me arrodillaré ante ti, porque tú me diste el conocimiento y el poder que me llevó hasta las esferas celestes, no puedo dejar de hacerlo-
Gabriel en ese momento se arrodilló frente a mí y tomó mis manos entre las suyas.
-Yo no doy nada a nadie, solo soy un mediador entre Dios y los hombres. Fue tu trabajo y tu entrega a Dios lo que te hizo formar parte de mi. Levántate Michel, los ángeles deben de estar más cerca del cielo que del suelo-
-Que bien suena eso de tus labios, más cuando sabes que yo ya no soy uno de los vuestros-
Gabriel se levantó al tiempo que tiraba suavemente de mis manos para que yo también me incorporara al mismo tiempo. Una vez los dos en pie, caminamos juntos entre las penumbras de los árboles que se alzan junto a la catedral. Su visita no fue un producto del azar, Gabriel rompió su silencio por algún motivo, y su presencia era al mismo tiempo una esperanza que me hacía sentir tan frágil y vulnerable como un niño pequeño junto a su padre en medio de un bosque cubierto por la noche.